Aquí oz la dejo, gente. Y muy buen día.

No tengo nada en contra de la señora Cecilia Malmström, comisaria europea de Interior. El dios nórdico del Partido Popular Liberal de Suecia, al que pertenece, la bendiga. Contra su forma de ejercer la política, sí tengo. Tengo en contra de ella sus Lágrimas por Lampedusa -cuando el naufragio, recuerden- y, por oposición, sus respuestas a la entrevista que le ha hecho este miércoles Pepa Bueno, en el Hoy por Hoy. Su tibieza, su contemporización, su púdico no nombrar a los gobiernos europeos que acuden a actitudes racistas para medrar en las urnas, su declaración de haber quedado en muy buenos términos con Fernández Díaz, añadiendo que sus cuchillas no incumplen ninguna ley europea. Coño, toma lágrimas. Es como creer que una infanta, al llorar en los Juegos Olímpicos de Barcelona, quizá pasa la vida lamentando que su real padre vaya dejando osos, elefantes y otros nobles animales viudos y huérfanos, y sin embargo descubrirla por ahí con una pulsera de marfil debajo del guante.

 En El Diario, el resto.