La ventaja de escuchar por la radio que tenemos más de 6 seis millones 200 mil parados es que sales a la calle y ellos están igual. Un filólogo que hace de taxista y que pronto tendrá que dejarlo porque no le rinde me lo decía: «Ustedes iban dos años por atrás de Grecia, pero nos están alcanzando a gran velocidad». Asentí, y nos echamos a reír con amargura. Le pregunté por la falta de grandes manifestaciones -como en nuestra tierra-, por el cansancio. Me dijo que la gente está deprimida. Yo creo que nosotros también, pero que sobre todo estamos desconcertados y, posiblemente, no ayuda tener monarquía. Hoy Sampaio, por la Ser, abogaba porque el jefe de Estado -en su país, Portugal, elegido democráticamente- tomara las riendas y convocara elecciones anticipadas. Nosotros tenemos al rey, que tal como está deprime y desconcierta a cualquiera.

Y ahora me voy, ¡por fin! al museo cicliádico, con mi amigo Miguel, que es un joven que sabe mucho de arte y lo cuenta con ídem. Ardo en deseos, porque las Cíclades fueron las primeras islas griegas que pisé, allá en los 70, en mi viaje iniciático a Grecia. Con el tiempo me enamoré de Tinos, una isla que no tiene otro turismo que el religioso, y cuyo norte, al ser católico y estar puteado -ocurre con las minorías: el resto es greco-ortodoxo-, ha sido menos «auxiliado» por las remodelaciones y está todavía pelín salvaje.

Ánimo, ladies and gentlemen.