Aquí está:

Algún día, algún adolescente del futuro, nos mirará a la cara y dirá: «Pero tú lo sabías, ¿verdad? Tú sabías que en la isla de Lampedusa morían a cientos, a muchos cientos, los hombres y mujeres y niños que huían hacia una vida mejor, y que había leyes que impedían a los ciudadanos socorrerles. Sabías que llegaban de todos los agujeros negros del mapa, arracimados en pateras y cayucos, en un esfuerzo supremo por sobrevivir. Llegaban con fe, con el miedo comiéndoles los talones y el hambre de empezar de nuevo en las entrañas. Y se les detenía, se les hacinaba, se les confinaba, se les devolvía a cualquier parte, con tal de no seguir teniéndole presentes…

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