«Desde que nos ha ocurrido esta desgracia cuyo origen, por otra parte, desconozco, mantengo monólogos interiores conmigo misma que, apostaría el equipo completo de ir a Baqueira-Beret, ninguna otra Infanta de España o incluso Reina, con excepción de María de las Mercedes en la cumbre de su tuberculosis, ha sostenido jamás ante el espejo o el jarrón de las orquídeas.

«Vale que duele que  te imputen y que en la calle te rodeen los enanos, o súbditos, con ojos inquisidores, y todo lo que Papi ha tenido que hacer, el pobre, con lo que le humilla pedir favores, para mantenerme sana y salva, pero lo que más me duele, más que las calumnias sobre mi chico, y las insidias sobre Nuestra Persona, nada me ha dolido tanto como que la Agencia Tributaria -que debería rendir tributo a Nóos- se haya equivocado con mi DNI o NIF, que tampoco es que sepa mucho yo de esas cosas.

«Pero vamos a ver, porfa, que mi nombre es Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia, y mi número de lo que sea, tan chuli, es el 00.000.014-Z. O sea, que no es ninguna tontería, que no me pueden confundir, que yo tengo mis privilegios, mi número, mi guisante debajo de mi cama y que no he trabajado tan duramente en La Caixa para que me hagan caer de los colchones. Es que tengo un disgusto, no, porque como que duele, oye».