… Después de pasar 24 horas intensas en esta nueva patria beirutí que está resultando ser Cádiz, la hija de Tiro que los fenicios bautizaron como Gadir. Cómo no compartir con vosotros el baño de ternura que recibí en el Café de Levante, los rostros sonrientes, las chispas de inteligencia… Juanjo, Teresa, Rafael, Pedro el librero -y posible primo: de los Manzanera de Cartagena-, y ahora, en el aeropuerto, recordando y atesorando los bellos momentos.

No os preocupéis por el blog, no podía diluir en él sentimientos que tenían que ir para el libro, pero aquí sigue estando, en espera de que le demos un beso y despierte, el espíritu mío más intimista, aquel del Perdonen que no me Levante.

Abrazo de eso que llamamos alma, en espera de que se nos ocurra una palabra mejor.