Sí, amistades, corre el tiempo y estoy escribiendo a toda velocidad.

Os dejo mi colu de hoy:

Desdichadamente –o no– este lamentable asunto, este nido de mangancia –y despilfarro hortera: no es delito pero ofende– que quedó al descubierto cuando no hubo suficiente telón con flor de lis y tiara para contenerlo sólo ha servido para evidenciar que a la democracia pueden intentar tomarle el pelo –y conseguirlo, a menudo– la monarquía y sus adláteres. Esa monarquía que aceptamos cuando la Transición a cambio de que –no era tanto pedir, demonios– se convirtiera en constitucional, como lo son sus pares en otros reinos europeos, ha demostrado que está manchada. No sólo por lo que han hecho sus allegados y parientes, sino por la forma en que han intentado aferrarse a sus privilegios y esconder la sarna debajo de las alfombras.

El resto, en El Diario
Apapachos por doquier.