Ana María Moix, entre dos luces.

 

 

Quien fue amiga de adolescencia, de juventud, de madurez y de esto que podríamos llamar vejez, falleció anoche después de tres años de lucha contra el cáncer, que la asaltó enmascarado, como un bandido. Las últimas semanas, aunque muy dolorosas, nos dieron a quienes la queremos -ella nos lo dio, férreamente apoyada por Rosa, su compañera de amor y de vida- grandes ratos de compartir recuerdos, de amistad y de risas. Sí, de risas. Porque Ana detestaba la compasión y, a fuerza de inteligencia y de ironía -a veces muy cruda- descargaba todo sentimentalismo, lo ponía en fuga. Así nos hizo más llevadero el dolor aplazado de su ausencia. Fue lúcida, fue clara, fue rebelde hasta el fin. Y amó la literatura -fue la literatura- sin obstáculos. Lloradla si queréis pero, sobre todo, leedla.