Así empieza mi artículo de hoy:

Entre la versión de que la deliciosa crucifixion pública de Rato -está por ver que pague con cárcel lo que pueda haber hecho- es una cortina de humo, o más bien de heces, para ocultar los gürtelismos propios del partido gobernante, y aquella otra que insinúa que vuelan  puñales en Génova dirigidos a la espalda del presidente Rajoy, voy a creerme las dos. Que es como decir que no voy a creer ninguna, porque ya no me creo, ya no nos creemos nada.

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