Así empieza mi artículo de hoy:

Estos van a morir matando, salvo excepciones, salvo esa gente que se halla hasta las narices de la torpeza de su líder, cual es el caso de los agobiados del evangelio de los últimos días, que posiblemente se retiran, en directo o en diferido -pero no nos acostumbremos: muy pocos más van a dimitir-, para intrigar en segunda fila y regresar cuando escampe. Los que se quedan, aferrándose al poder con la excusa de su mantra «somos el partido más votado», muestran patéticamente lo que son. Garrapatas que permanecieron incrustadas detrás de nuestras orejas mientras nos duró la catatonia; incapaces de actuar ahora que cae sobre ellos el aceite de sus vacas flacas, destilado por este despertar.

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