Y feliz de que os preocupéis por mí. Lo que ocurre es que con esto de las pérdidas -últimamente he salido a funeral por semana- estoy un poco descontrolada en el equilibrio entre lo que se va y lo que se queda, incluida yo misma. Ocurre que cada día es una experiencia nueva, lo maduro no quita lo diletante, y ando poniéndome en cuestión un montón de cosas, entre ellas, la supervivencia. ¿Va a ser siempre así? ¿De ahora en adelante, y hasta que me toque, la rutina será ir despidiendo gente? Gente que me importa de una manera u otra, por los afectos o porque forman parte de mi bastimento, o las dos cosas a la vez. Todo ello, los horizontes nuevos pero reducidos, las preguntas que rebotan en la pared de frontón que tengo por delante. Mucha introspección en los últimos tiempos. Me resulta fácil tuitear, un poco menos el Face, que es ya más íntimo, y aquí, que suelo ir con el ser por delante, me cuesta más. Pero no os olvido, qué sería de mí en ese caso. Pues recordar acaba siendo el gran argumento de la obra. Seguimos en contacto.