El señor Aroon

22 02 2016

Arranca su precioso, reluciente coche amarillo y verde -no me preguntéis la marca, nunca me fijo, pero seguro que es japonés; hoy lo miraré-, y siempre espera un poco antes de pedirme, educadamente, permiso para ponerse la mascarilla, un rectángulo de tela malva que se pliega como un estor sobre su naricilla y sus simpáticos y defectuosos dientes, aunque no tan irregulares como los míos. Se la prende con dedos expertos de las orejas, y en ese momento su inglés suele ponerse un poco más confuso para mis torpes oídos. Nos ha costado dar con un taxista como el señor Aroon, un hombre de gestos vivaces, expresivos, buen nivel de inglés, y amable hasta las cachas, listo para recogerme y llevarme por ahí, por esta ciudad inmensa que difícilmente podré abarcar, por muchos viajes que haga.

Aquí los taxis tienen colores de caramelo y de fichas de parchís. Cada compañía tiene un color. El señor Aroon está muy orgulloso de la suya, que tiene dos.

El primer día me llevó a unos cuantos sitios, sobre todo a comparar lo viejo y lo nuevo, él está orgulloso de ambos tiempos, aunque se le nota una brizna de nostalgia por cuando todo eran casitas bajas de listones de madera, alargadas como barcos, de diferentes y vistosos colores, o bien del propio color de la teca, sobrias y, de repente, con una llamarada en forma de ventana color naranja. Quedan aún bastantes de esas casas, en calles especiales, ancladas en el tiempo y sitiadas por motocicletas, pero también aparecen de súbito entre unos cuandos rascacielos desparejos pero siempre ostentosos, unidos todos por la maraña de cables eléctricos que aquí van todos al descubierto, por costumbre y porque se trincan electricidad unos a otros que da gloria, como en Beirut, pero con menos cruzamiento; aquí los cables van en oleadas de una esquina a otra, de un aire a otro, con repentinos arrebatos de orden que se traducen en rollos, madejas, en rosquillas enormes y negras que cuelgan de los postes.

Arriba y abajo me llevó el señor Aroon, incluso al palacio real, por la avenida punteada de homenajes al rey actual -actual desde hace un porrón de tiempo-, el rey con su teléfono, el rey con su heredero, el rey con su máquina de fotografiar.

-A mí me gusta la princesa -aventuré.

-¿The fat one?

-Sí -la defendí-. Me han dicho que es una mujer enérgica, que defiende su privacidad y que se niega a teñirse el pelo.

Cosa que me parece de lo más meritoria, dado que aquí las élites, y mucha gente normal, se clarean la piel con una crema hecha con baba de caracol, y se operan los ojos para tenerlos redondos.

Ayer, en el cine, por primera vez me puse de pie -qué remedio- para seguir devotamente, antes de la proyección, el himno nacional. Habría podido pasar de hacerlo, porque aún voy cojita, pero me dio morbo. Tiene mérito levantarse, porque los sillones de los cines de los malls son muy cómodos, y el himno no es nada tachíntachanero, más bien una dulce melodía que amodorra.

Los dioses guarden al rey muchos años. Y a sus perritos.

El señor Aroon y yo comimos en el restaurante-terraza de un gran hotel, el Shangri-La, con vistas al río, que es muy bonito y está bordeado de otros grandes hoteles, y que tiene embarcaderos en donde se detienen todo tipo de embarcaciones, algunas como pagodas. No hay que acercarse al borde, es importante, para amar los ríos, no ver la mierda humana que se acumula en sus orillas.

El señor Aaron está orgulloso también porque tiene un primo empleado en el room service de este hotel, y a su única hija, de 20 años, en otro. Trabajo serio y seguro.

Ah, tenemos amenaza de ISIS en toda la zona de por aquí, y dicen que han tomado medidas.

Como en todas partes.


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5 respuestas a “El señor Aroon”

22 02 2016
Raúl Fernandez Justo (05:27:40) :

Lujo asiático esta delicia de crónica que atestigua el inmejorable momento que estás viviendo. Presentes esos guíños que te definen y caracterizan( hay cosas que solo puede sacar a la superficie Maruja Torres).Lo de “tachíntachanero” me encantó( es casi onomatopéyico- deberías ir a la RAE a patentarlo como creación propia).El señor Arooón es un suertudo de tenerte cerca( si ama su ciudad no sabe a quien tiene cerca para describirla tan bien y con tanto acierto).Lo del ISIS vaya mierda y que miedito da( extremando precauciones, por favor).
Un privilegio leérte siempre.Muchos y querendones besos y apapachos.
¡¡Namasté!!

22 02 2016
celia (18:10:17) :

Gracias por tus crónicas Maruja.

23 02 2016
CBT (09:54:37) :

Que chulada poder vivir todas esas experiencias nuevas… Y que suerte que tú nos lo cuentes con esa calidad humana y tus espabilados cinco sentidos, amén de tu experimentado don para describirlo y escribirlo.
No pares, sigue sigue…

25 02 2016
Ma Angeles (12:48:40) :

Querida Maruja,estoy viajando contigo por ese pais que no veran mis ojos,pero tal como lo des-
cribes,lo intuyo con facilidad.
Sigue mandandonos estas cronicas para gozarlas .
Un abrazo .
Ma Angeles

4 03 2016
Raúl Fernandez Justo (06:27:45) :

Investidura sin comentarios de Maruja Torres…Inaudito.
Vuelve pronto.