Bibliografía

Nunca le agradeceré lo bastante a Juan Cruz, que por entonces llevaba Alfaguara, que me pidiera reuniera en un libro los reportajes aparecidos en El País Semanal, en el verano del 92, sobre mi viaje en tren de sur a norte por América Latina. Como no me gustan las recopilaciones, pensé que era mejor que escribiera sobre mis relaciones con América –lo que incluía aquel viaje- desde la perspectiva de quien la echa de menos. Aquello me enseñó a escribir en solitario: arranqué en la casa de un pueblito de Guadalajara que mi agente Raquel de la Concha puso a mi disposición. Amor América nació así, tuvo éxito y me valió hacer una gira muy sabrosa con Manuel Vicent y Eduardo Haro Teclgen. Ellos eran los maestros y yo la del tobillo roto. Mis huesos siempre me dan casi tantas sorpresas como la vida.

Hasta entonces yo, que a los 14 años soñaba con Ramón (pronto Terenci) Moix ganar el premio Planeta y luego el premio Nadal, no me había atrevido con la literatura, absorta en el periodismo y, sobre todo, en el reporterismo. Cierto, escribí un par de novelas de humor. Muy primarias pero muy divertidas: una, Oh, ¡es él!, que en principio tenía que ser un dócil seguimiento de Julio Iglesias en su gira por América, para una dócil editorial. Acabó siendo, por imperativos de la realidad, un cachondeo acerca de J. J. muy pop y descarado, que Jordi Herralde me publicó para Anagrama. La misma editorial sacó Ceguera de amor, que la siguió, escrita en la misma clave, pero esta vez era contra los fastos del V Centenario de la Conquista de América (llamada oficialmente Descubrimiento). Siguió una recopilación de artículos del colorín de El País Semanal.

Pero con Amor América aprendí a escribir, a quedarme sola, a sufrir y a gozar, a buscar las palabras y aprehenderlas. Luego vino Un calor tan cercano, que inaugura mis novelas deseobiográficas. Siempre escribo para arreglar lo que no fue como me habría gustado que fuera, o para predecir lo que me gustaría que sucediera. Un calor tan cercano me sirvió para revisitar el Barrio Chino cuando ya había recuperado su original nombre de Raval y para comprender quién fui cuando era niña, quién fui mientras crecía.

Las cosas iban bien, de modo que continué escribiendo libros. Lo siguiente fue una autobiografía periodística: ninguna fantasía, ningún añadido en Mujer en guerra. Más masters da la vida. Es un libro del que estoy contenta, porque si alguna vez me da el olvido lo podré leer como si fuera una novela de aventuras. Y pensar: todo eso me pasó a mí, lo viví yo. Tela para el asilo.

Otra novela deseobiográfica, que titulé Hombres de lluvia, me dio la oportunidad de organizar un futuro que a la larga habría de cumplirse, pero escribiéndolo como si fuera un pasado. En Beirut he conocido a gente a la que había conocido antes, cuando les inventé para que aparecieran en esta novela.

Años más tarde me presenté al Planeta con Mientras vivimos, y lo gané. Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán formaban parte del jurado. Nunca olvidaré aquella noche, los dos contentos como si fueran la madre de la artista.

En 2006 volví a Beirut de vacaciones y me pilló la guerra entre Hizbulá e Israel. Fruto de aquella experiencia –durante la cual reviví mis años como enviada especial durante la guerra del Líbano de 1975-1990—surgió, a chorro, un libro La amante en guerra, y una decisión: vivir en Beirut. Así lo hice, y allí fue en donde escribí Esperadme en el cielo, que fue premio Nadal y que me sirvió para ponerme en paz con la pena de tener a Manolo y a Terenci muertos.

Ahora estoy con otra novela. Y he vuelvo a vivir a Barcelona.
Espero no haberos aburrido. Ah, una promesa: no volver a incluir las palabras amor, mujer ni guerra en ningún otro título.

 

Puesta al día: ¡Estamos en abril de 2012!

Iniciada mi nueva faceta de tremenda dama del crimen (con Fácil de matar, publicada el año pasado), me lanzo a promocionar la segunda entrega de las aventuras de mi querida Diana Dial: esta Sin entrañas que está llegando a las librerías y que encontrará en la Diada de Sant Jordi su pila de bautismo natural. Estoy contenta de haber vuelto a Barcelona, porque todo lo que gané al otro lado del Mediterráneo lo mantengo, y todo lo que necesitaba de mi tierra natal lo tengo aquí.

Y disfruto mucho con el blog y sus asomadores. Son tiempos duros, y es bueno hacerse compañía.