Vaya, venga, voy

14 01 2016

Así empieza mi artículo de hoy:

Hay algo espléndido, germinal, en este estrépito con que se azotan las diferentes mareas en el Congreso, incluso aquella que, yerta, se queda varada en la orilla como un pez muerto, un pez con barba que observa boquiabierto a los jóvenes, con sus pelos y sus mochilas y su bebé. Eso es lo mejor: la profunda perplejidad del hombre que nunca estuvo allí para enterarse de lo que vale un peine, y que aún hoy no comprende la medida de la peineta que se le ha mostrado: menos de lo que queríamos, más de lo que esperaba.

Entero, en @eldiario.es



Lágrimas negras

7 01 2016

Así empieza mi primer artículo del año:

Ese lagrimón, resbalando por el rostro oscuro del presidente Obama, trazando un riachuelo perfectamente definido, el llanto de un hombre bueno, podríamos decir. Cómo me gustaría poseer la ilusión necesaria para creer que no se trata de un truco, del recuerdo de una desilusión o un dolor infantil hábilmente evocado en un discurso; ni el producto de una mala digestión o de una pelea con Michelle, o de unas hemorroides repentinas. Porque, de entrada, me conmoví, con esa capacidad que aún conservo para el primer primor de político, pero que es como empezar una partida de ping-pong cuando ya tienes artrosis: devuelves bien el golpe inicial, con modos del ayer, pero en seguida el otro empieza a colarte tantos.

Podéis leerlo entero en eldiario.es



Conocí anuarios más felices

31 12 2015

Así empieza mi artículo de hoy:

El privilegio de escribir un artículo en el día final del año se parece mucho, en los nervios que me provoca, a terminar un capítulo en un libro -de ficción o no-, ignorando qué voy a introducir en las páginas siguientes. Pero en un libro mando yo.

En la realidad, por desgracia, disponemos de un control mínimo. Mínimo en los acontecimientos, máximo -deberíamos- en la lucidez con que los examinamos.

 Entero, en eldiario.es


Fum, fum, fum

24 12 2015

Aquí tenéis el inicio de mi artículo de hoy:

Fue mala idea elegir las vísperas de Navidad. Cada vez que Rajoy aparece en la tele en estos días de su primer invierno en cuatro años, saliendo al portal de Moncloa para recibir a un colega, le veo retrocediendo, como si caminara hacia atrás. Concretamente, hacia la extinción parlamentaria, como si fuera una figura del Belén cuyo modelo real sucumbió hace mucho tiempo a las sacudidas del medio ambiente. Como un anacronismo. No es que me preocupe, mejor dicho, me preocuparía que se quedara como estuvo; sin embargo, me interesa el proceso de reducción política de un ser humano al que estamos asistiendo. Tiene su morbo.

Lo hallaréis entero en eldiario.es



Después

17 12 2015

Aquí tenéis el primer párrafo:

Los avatares de la campaña han conducido al avatar de Mariano Rajoy a hablar en tono más pausado que de costumbre, utilizando una voz de víctima, y un tono muy bajo, monocorde, herido, de hombre noble que asiste, atónito, al linchamiento de su honor y el vilipendio de su fama. Este presidente indecentado que hallé el miércoles, al sintonizar a Pepa Bueno, me despistó tremendamente, lo cual que seguí escuchándole durante un par de minutos, hasta que, aunque mucho más cansinamente, se produjeron las ocurrencias de esto sí pero a lo mejor no pero si tampoco mire usted, que fueron cayendo, vacías, como pieles de gamba del mostrador a las baldosas. Era él, aunque en su nueva versión de llaga en el costado y corona de espinas, y me precipité a extinguir la radio porque, gente de mi vida, pese a todo reptileaba Rajoy como de costumbre en la pureza de la mañana, y yo tengo ya decididas mis aversiones.

Entero, en eldiario.es