Pepe Rubianes
2 09 2011Hoy habría cumplido 64 años.
No hay mejor forma de recordarle que verle. Con Andreu Buenafuente.
Categorias : intimidad, teatro
Hoy habría cumplido 64 años.
No hay mejor forma de recordarle que verle. Con Andreu Buenafuente.
La producción, oscura -el libreto es tremebundo: mucha desgracia hay-, es del propio Liceu. Estética filo nazi, unos paneles de madera que sugieren murallas, en algunas escenas pantallas de vigilancia, algunos figurantes encapuchados con cabezas de cuervos… Los hombres -Carlo Colombara como Enrico VIII, Josep Bros como Percy- son correctos pero no emocionan. Sin embargo, las mujeres… Ah. Primero, Sonia Prima, contralto, que hace del músico Smenton, enamorado de Ana, que la delató. Excelente en su travestimiento, como presencia escénica y muy bien de voz. Elïna Garanca, mezzosoprano, posee una voz extraordinaria, carnal, emotiva, y estuvo estupenda como Giovanna Seymour. Muy guapa, muy buena actriz, muy potente.
Y ahora hablemos de Edita Grubrova. Con 64 tacos, y no siendo ésta ya la primera representación en la que encarna a Bolena -ni en esta temporada ni en su carrera: en el propio Liceu la cantó en 1992-, posee un dominio, un mando, espectaculares. Y una voz que es lo más parecido al correr del agua, al correr de la luz, al vuelo de los pájaros… Anna Bolena es un papel muy difícil en el repertorio del bel canto. Expresar el sufrimiento en alaridos controlados nacidos de una música incansable, y resultar emocionante, creíble, conmovedora… Con 64 años, criaturas mías. Fue bellisimo.
Y el dúo del segundo acto entre Bolena y Seymour fue supremo. Saltamos todos en una ovación cuyo calibre sólo fue superado cuando Edita cantó el aria de la locura -area de aparcamiento do van a parar siempre, en un momento u otro, las heroínas del bel canto; las del verismo pasaban por el departamento de tuberculosis-, que no es que ovacionáramos: ¡es que rugimos!
Aparte de las fotos, os subo un yutubegruderova, para que nada falte.
Ahí van fotos del evento, al que fui con Neus. Dejamos a Tonino jugando con y al cuidado de sus hijos.
Gran señor, fino y culto. Tuve la suerte de tratarle un poco cuando yo trabajaba para Cultura de El País. Era de ese tipo de gente que enriquece el mundo con su elegancia. Y ha vivido, por lo que sé, como ha querido.
En otro desorden de cosas. Esto ya está. Me falta el epílogo -que es un trabajo muy agradecido- y corregir como si no hubiera un mañana. Pero ya está. Esta noche me voy al Liceu a ver la Ana Bolena. Haré fotos y mañana las veremos. Muchas gracias por la compañía. Ahora tengo un perdonen -dentro de la saga Grandes Hombres Abyectos que empecé con Álvarez Cascos- y luego, masaje y peluquería, que estoy hecha una pocilga humana.
Carmen empieza con un mulato en gayumbos (¿o es con elle?) que da vueltas al escenario, castigado a correr con un fusil; la protagonista se refrota cantiduvi contra todo lo que le echen y, por supuesto, el casto José. Y a principios del tercer acto sale un torerillo en bolas, sacudiendo el pito a saltitos como si toreara. No creo que para tu criatura sea perjudicial, ya te digo que es ingenuamente sixties, va a creer que la tía hace flexiones y en cuanto a la desnudez… No hay nada obsceno. Eso sí, se abrazan y se tiran al suelo en cuanto pueden, yo creo que pa descansar. Salgo zumbando.
Oleada de recuerdos, a raíz del cuelgue de la Alabama Song por uno de vosotros.
Tuve la suerte de ser joven e inquieta en la década anterior a la muerte de Franco, cuando en Barcelona existía un fuerte movimiento teatral inspirado en textos de Salvador Espriu o de Bertoldt Brecht, con personalidades punteras como los ya fallecidos Ricard Salvat y Maria Aurèlia Capmany. En aquella época el teatro era un arma cargada de futuro y Brecht (así como las músicas de Kurt Weill, inseparables de sus obras), un referente de formación.
Hay quien dice que ambos están superados. ¿Tal como se ha puesto el mundo de hoy? Amos, anda.
Buitreando por la red he encontrado este artículo que, tomando como base una reposición brechtiana más reciente, analiza la figura del inventor del distanciamiento teatral.
De paso, os subo la Balada de la esposa del soldado, en interpretación de santa Marianne Faithfull. No está traducida así que si alguien con más dominio del inglés escrito que yo lo hace, será de agradecer.