Qué ganas de dejar de bailar con Angela Merkel

17 06 2010

… este baile de aquelarre que marca Angela Merkel, en medio de esa agonía de euros sorbidos a tragos largos, en tiempos cortos. Qué mortal deseo de agarrar a Bruselas y la Banca alemana y atravesarlas con una larga aguja de las que se usan para ensartar las carnes de animalitos más nobles, y servirme acto seguido un shawarma de Europa carolingia bien pasado de cocción.

Pensándolo bien, mejor será que guardemos nuestras energías para reinventarnos. Las personas lo hacemos. ¿Por qué no los países? Yo me reinvento, no me queda otro remedio, cada tanto. Cuando se caen los frágiles palos de mi sombrajo, cuando se rasga la fina tela sobre la que me columpié, tomándola por suelo firme. Me siento, recapacito. Asambleo mis pedazos. Lloro un poco por lo que ya no puedo recomponer. Lo ideal de un trance así es que te pille junto al Nilo, como a mí la última vez. Se aprende mucho, de reencarnaciones, al lado de ese río.

Los países, igual. Se arrodillan, se levantan, vacilantes y, puestos de nuevo en pie, se afiazan. A veces, incluso atacan a los otros, cuando ya no recuerdan quiénes fueron. Atacan con armas, o con mercados. A tiros, a rapiña de bonos. Alemania.

A la larga, un superviviente responsable sabe manejarse mejor que un triunfador olvidadizo.

Os adjunto una canción de Adriana Varela que habla de lo triste que se quedó uno después de que alguien se reinventó y le dejó plantao. Y además se me ha colado Silbando, de propina.