¡Roma! Una entrega de fotos

18 12 2011

Fotos del primer día, ayer -por la mañana llovió mucho, luego empezó a hacer frío y no ha parado-, cuando fui a ver la exposición de Audrey Hepburn al Museo Ara Pacis y me tuve que conformar con el catálogo. Pero valió la pena ver el Ara de los sacrificios romanos, y Roma desde el interior del museo. Anoche, como estaba previsto, grandísimo “Mesías”, de Haendel en el Auditorio del Parco della Musica, dirigido por Fabio Biondi. Los coros, maravillosos. Luego cenamos con Biondi, su mujer, y tres hijos, dos de ella y uno de él, de otros matrimonios, encantadores. Fuimos a un restaurante siciliano -a Francesca le encanta la cocina sarda, y sabe que a mí también-, y brindamos mucho, la primera vez por Willy Altares, mi compañero de El País a quien todos quieren por aquí. Estaban también mi querida Irene Hernández-Velasco, y Rachel, que es corresponsal del New York Times en Roma. A ver si consigo subir las fotos porque cada dos por tres me da “internal server error” de las narices.

piazza al pantheon, de mañana

san luigi dei francesi: un caravaggio

misma iglesia, otro caravaggio

y el tercer caravaggio

impresionante: el Ara Pacis

desde el interior del museo

catálogo de la exposición que no vi

mirad qué preciosa mujer



¡Mirad quiénes actúan en Londres!

10 02 2011

Se merecen un viaje corto a la capital infgesa: Elizabeth Moss (la Peggy Olson de Mad Men, la hija menor del presidente en El ala oeste de la Casa Blanca) y Keira Knightley, de Expiación, los piratas de Johnny Depp y tantas otras. Parece que están estupendas. De La hora de los niños, un crudo drama de Lillian Hellman datado en 1934, pero por desgracia todavía vigente por su temática, y siempre atractivo por su intensidad. William Wyler rodó dos versiones. Una, en 1936, y otra en 1961.

La hora de los niños es la historia de dos grandes amigas que tienen una escuela para niñas. Una de estas pequeñas, que odia a las maestras y es una mala infantil de campeonato, delata a las maestras por lesbianas, provocando una tragedia. Martha, que realmente está enamorada de Karen y lo ha mantenido en silencio, no aguanta la presión. Cuando se conoce la verdad, que la niña miente al atribuirles actos obscenos, ya es demasiado tarde.

Seguro que muchos de vosotros habréis visto la versión que Wyler hizo a principios de los 60, con Audrey Hepburn como Karen y Shirley MacLaine en el papel de Martha, así como James Gardner haciendo de novio de la primera. Es mucho más explícita que la versión del 31, con Merle Oberon y Miriam Hopkins en los papeles respectivos, y en la que el director sólo se atrevió a atacar el tema de la calumnia -tan en boga hoy en día, sobre todo en el ciberespacio-, dejando el tema amoroso en un triángulo heterosexual.

Me encantaría ir a Londres para ver a esas dos. Por cierto, la primera versión se titulaba: Esos tres.



Por los momentos…

16 10 2010

… la cosa de subir fotos está fotuda. Pero no desanimons, en cualquier caso acumulo para el Semíramis. Yo no tricoto chaquetas, ni que fueran para Quasimodo. Lo más, bufandas y piezas para colchas. La verdad es que le saco mucho partido a mi tiempo. Detesto el aburrimiento, no va conmigo. Siempre hay algo qué hacer, algo que mirar.

Ayer apareció Javier, brazos en alto, a recibirme en el aeropuerto. Enfilamos hacia casa, me presentaron a Noor, que es muy chiquitita, tiene sólo tres semanas y se pasa el día zampando del tetrabrik de mamá. Javier y yo fuimos al consulado, a la ceremonia, que el cónsul celebró en uno de los bellos salones de la embajada española. Amaya estaba radiante, como es muy delgada -es una Audrey Hepburn– y tiene el pelo muy negro, le sentaba divinamente el vestido con lorzas, corto, moderno y elegante, y en color blanco roto. Khalil estaba guapísimo con traje y chaleco, y super emocionado. Los padres de él y un amigo del teatro; la hermana de ella, Carlota, también muy conmovida. Los amigos, contentos.

Luego comimos y bebimos en el Samakna como si no hubiera un mañana, pero como todo era de primera calidad he despertado pronto, sin resaca y con ganas de novela. Me he hecho unos párrafos antes de conectarme.

Curiosa la sensación de regresar a Beirut como visitante. Hice una foto de lo que está ocurriendo en mi ex barrio: hay una excavación de campanillas para construir un rascacielos (eso sí, siguen las restricciones de electricidad y de agua; siempre cagando más alto que el culo), y mi querido edificio está allí solico, triste, representativo de una arquitectura que será arrasada por la codicia.

Ahora mismo, Mónica está con el ordenador en brazos mientras el bebé duerme bajo los efectos de su última mamada, Yeray dibuja con el juego de ingenios lapiceros que le regalé ayer, los dibujos animados (pingüinos) están puestos, Naser trajina en el piso, limpiando, Javier hace café… Más adelante iremos a Spinneys a hacer la compra de la semana, luego llevaremos a Javier al aeropuerto (se va a reportear unos días al Golfo), y Mónica y yo dispondremos de un par de horas para saquear una librería y un par de tiendas.

Esta tarde vienen la recién casada y su hermana, a conocer a Noor. Aprovecharé para que Carlota, que vuelve esta tarde a España con una maleta semi vacía, se lleve mis libros recién comprados. Aquí tienen siempre lo último que sale sobre política en la zona.

Hasta uego.



La huelga

30 06 2010

Resulta curioso que los periódicos muestren tal entusiasmo cuando una huelga fracasa. Y mucho más notable me parece la saña con que condenan las huelgas que triunfan ‘porque son salvajes’, sin especificar claramente que ponerse a cumplir unos servicios mínimos ampliamente multiplicados por la empresa (ilegalmente), la condenaba al fracaso, como se vio el primer día. Una huelga siempre perjudica, en el corto término, a los ciudadanos, que en general son trabajadores; a largo término, la acción de protesta que implica la huelga, si triunfa, ayuda al avance social de esa misma gente. Es así como se han conseguido los derechos que ahora nos arrebatan. Tengo para mí que, dado el estado ruinoso de los medios de comunicación, el tono de las informaciones sobre el paro es una forma de darles un toque a sus propios comités de empresa.

Aquí tenéis un homenaje a Nat King Cole y Audrey Hepburn, unidos por la voz del primero, la imagen de la segunda, y nuestros recuerdos.



Una vida en el cine

4 06 2010

Celebramos estos días, nuestra familia Fotogramas, la aparición del número 2000 de la que ha sido, es y será la mejor revista de cine que se ha hecho en España. Lo de familia no es una metáfora: soy más o menos la tieta del director actual, Tony Ulled Nadal, la hermana de sus padres Elisenda y Jesús (y de Jaume Figueras, de paso: otro pariente, clan de sangre cinéfila, el nuestro). Fui también, durante unos años, segunta mitad de los 60 y primera de los 70, una de las personas que la hacían.

Celebro el 2000 con amor pero sin nostalgia, porque lo que tuve fue muy bueno, pero lo que tengo tampoco está mal.

Contagiada por el amor al cine que desprende el joven Toni, y a la salida de un programa de radio en el que hemos participado los dos, he ido al fnac de L’Illa, a por músicas y, de paso, me he dejado tentar por un libro irremediable, brutal, hermosamente cinéfilo y glamuroso (dos términos que Fotogramas puso de moda).

“Los tesoros de Audrey Hepburn” es un libro gordo y caro, que me he regalado porque este año no estuve por Sant Jordi en Barcelona, ni visitaré el Retiro por la Feria en curso.  Muchos de vosotros seguro que lo conocéis, pero como yo vivía e Beirut hasta ahora, y allí no había llegado, pues he tenido el placer  de descubrirlo. Está lleno de pijadas y fetiches, de copias de certificados, de fotos familiares. Tal como promete su subtítulo: “Fotografías y recuerdos de una vida llena de estilo y determinación”.

A mí Audrey Hepburn me emocionaba y sigue haciéndolo. En películas, en fotos. Su simple recuerdo. Era digna. Era elegante. Era buena. Despertaba en mí sentimientos muy dulces. Creo que los suscitaba en mucha gente, que su éxito se debió en gran parte a la limpieza de su mirada, a la confianza que inspiraba su sonrisa.

Estos días he recordado una anécdota. Hace años, con motivo de su cumple, Jaume Figueras ofreció a sus amigos la proyección de una película de Billy Wilder que, por entonces, resultaba difícil de conseguir, por uno de esos líos entre producción y distribución… La peli era Love in the afternoon (1957), que en España se estrenó como Ariane.

En la butaca vecina a mí se sentó Toni, por entonces un crío. Cuando terminó la proyección, nos miramos. Los dos llorábamos.

Ya digo, una vida en el cine da mucho de sí.