Balances

24 12 2011

Este año los diarios y demás medios de saturación de masas lo tienen crudo para resumir cuanto ha ocurrido durante 2011. Yo no soy amiga de hacer balance de lo que hice ni de lo que gané ni de lo que perdí: pura y simplemente miro a mi alrededor y veo lo que tengo. Me considero afortunada, y lo soy. Después de haber recibido en Roma oleadas de cariño, creo que con tomarme el pulso y ver que sigo viva -y el pulso de ese otro cuerpo que habita en los otros, con los otros, por los otros: también, todavía late-, ya tengo suficiente.

He metido una bestia en el horno y me dispongo a vivir de ella durante tres días. Por supuesto, Tonino también tendrá su parte. El resto espero que sea silencio (y Gramona), para poder escribir la novela, que he dejado a Diana Dial encerrada en su camarote con el inspector Fattush. Tengo que sacarla de ahí, porque un jeta de tomo y lomo la está esperando en cubierta, con ánimo de confundirla.

Os deseo lo mejor a todas las personas que asomáis aquí con buenas intenciones y sano deseo de intercambiar opiniones. Que cada cual sea feliz como mejor prefiera. Y que el mundo intente mostrarse un poco menos asqueroso, tanto aquí como en esa parte en donde los creyentes suponen que nació el Mesías: menudo belén, el de este año.

Besos fraternales.