Viva la vida y la viva la risa y viva el amor

18 12 2010

Bueno, Tonino está mejor, aunque no bien. Pero come -le gusta la merluza, tonto no es- y bebe agua, y da paseítos lentos y mueve la cola. Las vidas de los perros son cortas, pero nos enseñan a ser mejores.

Ayer empecé a reincorporarme al mundo de la actualidad y, francamente, ya le dedicaré atención la semana que viene. Además, esta tarde los niños de mi escalera celebran la navidad, representan una obra teatral y los mayores les aplaudimos, los disfrutamos y brindamos con cavita. No estoy para dedicarme a profundidades.

Hablemos de Blake Edwards. Genio de los buenos guiones y de la dirección como era -de esa raza que ha desaparecido-, que contaba la historia en imágenes y las palabras justas, sería una tontería suprema que me pusiera pomposa para glosarle. Se glosa solo. Os adjunto un homenaje que he encontrado en nuestro tube, con gags de The Party (odio que aquí la llamaran el guateque, cómo estaba este país a la sazón), así como un par de fotos de dos de sus muchos secundarios. Graham Stark estaba casi siempre; su camarero de Victor, Victoria es cosa fina. Personalmente, adoro a Nedra Volz, la diminuta anciana que llevaba la bandeja en 10, la mujer perfecta, que atravesaba el salón cada vez más encorvada, y que cuando se soltaba un pedo el perro huía de la habitación.

Stark

Mi amigo Jaume Figueras me ha contado que en los 90 estuvo en un cóctel en Cannes, me parece que fue por la presentación de la última pantera. Ni Edwards ni Julie Andrews concedieron entrevistas, pero Jaume consiguió hacerle una pregunta con el micro, acerca de lo mucho que le había emocionado Días de vino y rosas. B.E. respondió que esa película ya no se podría rodar ahora, pues su verdadero tema, más que la destrucción de una pareja por el alcohol, era la destrucción de una pareja por la vida social. Vida social -superficial y vacía- que él odiaba, digo yo, cualquiera que fuera el escenario en que se desarrollaba, fuera en el Hollywood de The Party o de S.O.B. o en el mundo de las empresas de relaciones públicas (la peli es de 1962; creo que los creadores de la serie Mad Men la tuvieron en cuenta). Ya sabéis, por otra parte, que en la dirección de Días… Edwards reemplazó al director previsto, John Frankenheimer, el mismo al que también sustituyó en Desayuno con diamantes. Vistos los resultados, me alegro, aunque tengo en mucho aprecio al director de El tren.

Volz

Por otra parte, también me acuerdo mucho del submarino pintado de rosa de Operación Pacífico, de los soldados yanquies en Italia de ¿Qué hiciste en la guerra, papi? y del genial, genial Jack Lemmon por partida doble de La carrera del siglo.



Por Blake

17 12 2010

Puro Blake Edwards, antes de dedicarle un gran recuerdo, esta escena de la versión teatral que dirigió él mismo con su esposa Julie Andrews y con Tony Roberts -que trabajó en muchas pelis de Woody Allen- en el entrañable papel que Robert Preston interpretó en el cine. Es una joya.



Me estoy haciendo el café

1 11 2010

Es toda una historia. Despertar en casa. Ayer tarde llegué con un sólo delirio: tumbarme, descansar. Levantarme a las 5 para acabar de hacer maletas, salir del hotel a las 6.30, despegue a las 10.00, llegada a casa a las 14.30. Ninguna maleta perdida. Tuve dos suertes, una, que apareciera frente a mí un lector con un papel en la mano para que se lo firmara cuando tuviera tiempo: va por ti y tu mujer, Gabriel. Luego descubrí que tenía sentado detrás ¡al doctor Joan Nardi, con su esposa Yvonne! Es una eminencia, el jefe de traumatología del hospital Vall d’Hebron de Barcelona, el hombre que cuida de mis huesos, que me sacó una rótula. Y una persona deliciosa, con un toque personaje de Blake Edwards. Un vistazo, visita aérea: “Et trobo collonuda”. Vuelo feliz, pues. Pero llegué a casa muy fatigada. Ya me lo advirtió mi sabio médico cuando salíamos por el finger: hay lo que hay pero hay que llevarlo bien. La edad, los huesos, ¡mientras queden fuerzas para tirar palante, para viajar!

Uno empieza a regresar cuando se prepara el primer café. Al verterlo en el depósito de la cafetera italiana de toda la vida ha caído, como cada vez, un poco al suelo. Lo recojo con el aspirador de mano, como siempre. Espero mientras me como un kiwi, que tiene vitamina C y dicen que va bien para ir al baño, aunque en El Cairo he ido al baño todo lo que estaba escrito, qué cagaleras. Al menos, no engordé.

Mientras estoy aquí, un poco de pan con aceite, de pan muy bueno que me acaba de traer Neus después de pasear a Tonino. En la bolsa pone que el envase es reciclable y que hay que consumir productos sostenibles. Bienvenida al primer mundo. En Egipto les han subido el pan, y eso es insostenible, aparte de criminal.

Le muestro (a Neus) las marcas de dos mordeduras de mosquito que tengo en la base de la nuca: comentamos que si fueran de un hombre éste no tendría precio. También le muestro lo primero que he extraído de la primera maleta: las reproducciones de la cervecera del museo egipcio (pero no islámico: el Islam -todas las religiones monoteístas: era una señal- se inventó más tarde que la cerveza), y del hipopótamo que los antiguos adoraban, y que es muy salao. Me acompañarán en el futuro, hasta que se rompan, o me rompa.

La mañana se inicia lentamente. Mis plantas están estupendas, me las cuidó muy bien Menta, que además de ayudante de Maria Ponsà, mi florista-maga, es vecina mía desde hace poco. El piso, limpio, ordenado. No creáis que no doy gracias a la vida a cada momento por la suerte que tengo de vivir sola, de vivir bien acompañada por la gente que he ido encontrando, y de vivir bien.

No quiero leer ni escuchar noticias. No todavía. Me voy a poner a mirar dibujos de Tom y Jerry, con Tonino pegado a mí, que está el tío que todavía no se cree que haya vuelto. Luego vaciaré las otras dos maletas. Y poco a poco iré haciendo eso que siempre hacemos después de regresar físicamente: aceparlo, adaptarnos, y disfrutar de los recuerdos. No olvido que os debo fotos.