No os perdáis a David Torres

12 11 2013

No se me ocurre mejor forma de daros los buenos días que este artículo suyo:

Cuando abrimos la primera página de El mito de Sísifo, a los quince, a los diecisiete, a los dieciocho, muchos todavía sufríamos el sarampión de la adolescencia, aquel discreto coqueteo con la muerte en que la muerte nos había abandonado como una mala novia entre lecturas mal digeridas de Schopenhauer, Dostoievski y Hermann Hesse, entre profetas enloquecidos y lobos esteparios. Estábamos hartos de vodka ruso y de pesado licor alemán y de repente nos invitaban a una copa de suave vino francés que empezaba con una cita de Píndaro: “Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal pero agota el campo de lo posible”. Y luego, de repente, la primera frase nos advertía que nos dejásemos de tonterías, que el suicidio era el único problema filosófico verdaderamente serio. Que creciéramos.

Entero, en Público.



El artículo de David Torres

7 10 2013

Esta vez, sobre Fabra:

Sentar a Fabra en el banquillo de los acusados y ponerse a temblar la tierra ha sido todo uno. Ya se sabía que intentar procesar a Fabra tiene sus riesgos. Por eso en Castellón se toman la justicia con mucha calma: diez años de prospecciones judiciales sólo para sentar un culo ante el juez. Pero al mover a Fabra de su lugar natural en la pirámide alimenticia por poco no se les desparraman las mareas.

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David Torres y el Borbón

23 09 2013

Sembrao:

Como el rey va abdicando por partes ahora le toca a la cadera. Primero abdicó de Hugo Chávez, luego de cazar elefantes y después de Corinna, no estoy seguro, hay tanta abdicación que es difícil recordar el orden. En los últimos tres años don Juan Carlos ha abdicado también de un pulmón, una rodilla, un talón de Aquiles, una cadera, otra cadera, una hernia discal y una estenosis de canal. Una prótesis más y al final el mensaje de navidad lo va a acabar dando Darth Vader.

Es normal que las listas de espera de los quirófanos estén colapsadas teniendo en cuenta que el rey ha desequilibrado él solo el presupuesto de la Seguridad Social por varias décadas. Hay que pagar el diez por ciento de los tratamientos caros para poder pagarle a nuestro monarca el cien por cien. Debe de ser que los borbones sobreviven por encima de nuestras posibilidades.

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David Torres y el caso Bárcenas

20 09 2013

La verdad es que sí:

A lo mejor son manías mías, pero tengo la impresión de que en el caso Bárcenas todo marcha a una lentitud exasperante. Al principio parecía cosa del parón veraniego, que la justicia había cerrado por vacaciones después de meter a Bárcenas en Soto del Real como si lo hubieran mandado a un camping. Pero va terminando septiembre y las cosas no se han movido mucho. Al juez Ruz se le acaba de ocurrir que podría haber indicios de delito en la destrucción de los ordenadores de Bárcenas, una sospecha que se me había ocurrido a mí, a usted y a Bárcenas aproximadamente a los quince segundos de enterarnos de la noticia. No sé, sonaba raro, qué quieren que les diga.

En este asunto, al juez Ruz nadie le puede reprochar que no se ande con pies de plomo. De plomo y de doble suela. Cuando pidió al fin el traslado de los ordenadores del ex tesorero lo hizo con tantas precauciones que lo extraño no es que se hubieran borrado los discos duros, sino que la sede del PP siguiera todavía en el mismo sitio. Si espera un poco más, la calle Génova podría haber sido arrastrada por la morrena de un glaciar cayendo desde Somosierra.

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Lo de David Torres y el pueblo de brutos

18 09 2013

Aquí:

Entre espachurrar a lo tonto toneladas de tomates, subir a críos a lomos de una montaña humana por si se despanzurran, arrojar bombonas de butano para ver quién llega más lejos, y matar toros a lanzazos se van pasando las fiestas de pueblo españolas, que son españolas, sí, pero sobre todo de pueblo. Gila se inventó un pueblo bruto donde gastaban bromas como volarle la cabeza al maestro con un barreno o decirle al Eulogio que subiera a tender la ropa a un cable de alta tensión. “Cuando bajó” decía Gila “parecía la ceniza de un puro”. “Que no sople nadie hasta que llegue el juez”. “Me habéis matado al hijo pero lo que me he reído”. Entre las competiciones de los festejos populares descollaban trepar por una cucaña para coger un jamón a punta de navaja y partir un peñasco a cabezazos, que algunos se lanzaban sin tomar carrerilla y otros además sin boina.

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