De Algeciras a Estambul… pasando por Brasil y Bulgaria

17 06 2013

Mediterráneo, la canción de Serrat, me viene a la mente estos días ante la bestial represión del régimen turco contra sus ciudadanos, a quienes -islamista y extremadamente- considera súbditos. Mas son, en realidad, súbitos en la rebelión, ágiles en la protesta, valientes frente a la brutalidad. Como la pólvora, en el mundo inmediato ha de extenderse el rechazo a lo que nos deparan los neodictadores, sea a instancias financieras, parido por su propia ideología reaccionaria, o devenido sólido por el capricho personal de los tiranuelos. De Algeciras a Estambul hay motivos, sobran razones. Y el Mediterráneo se extiende y se embadurna con la protesta búlgara, y llega a las puertas del estadio de Maracaná, rozando el larguero del hasta ahora intocado -pero no intocable- fútbol más fútbol más futbol y, a todas horas, fútbol.

El experimento que el poder puso en marcha, saber cuál es nuestra capacidad de resistencia, hasta qué punto puede doblarnos sin que estallemos, alcanza sus límites a ratos, y más en unos sitios que en otros. Pero más temprano que tarde será un tsunami de protestas, en el que los de enfrente pondrán los chorros de agua y las pelotas de goma y hasta los disparos de verdad.

De Algeciras a Estambul, y el mundo, en medio.