Plegaria por los toritos mártires

27 05 2010

De los periódicos, estos días:

“Lleno de no hay billetes. Uno cinqueño, bajo de hechuras, vacío por dentro.  Otro con cara, pero encogido. Otro serio, muy buen toro. Otro en tipo, justo de poder, noble. Bien presentados, mansos de libro, sosos, deslucidos y sin clase; destacó el cuarto por su nobleza y el quinto en el tramo final. Cinqueños todos, la mayoría pasados, de amplias encornaduras, desiguales de lámina dentro de la seriedad. Mansos de carreta, el cuarto por el izquierdo, rajadito y noble, se dejó; el mejor fue el sexto por la izquierda, también. Grandón, suelto de carnes, noble, un punto informal”.

De los periódicos, estos días:

“Dos pinchazos, metisaca y pinchazo hondo tendido. En el quinto, cuatro pinchazos y descabello. Bajonazo. En el sexto, estocada y descabello. Casi entera baja, bajonazo, un descabello y el toro se echa. Bajonazo, estocada y un descabello. Tres pinchazos, media estocada y cinco descabellos.  En el cuarto, dos pinchazos, estocada corta asada y dos descabellos. Media estocada tendida. En el quinto, pinchazo, media tendida y dos descabellos. Dos pinchazos, estocada atravesada que hace guardia y descabello. Pinchazo y estocada”.

De los periódicos, estos días:

“Silencio, aviso, palmas, pitos, silencio, palmas, pitos, aviso, petición de oreja y gran ovación”.

En aquellos tiempos, los degenerados iberos se reunían en torno a un círculo arenoso para deleitarse con el sacrificio lento, la tortura de unos hermosos toros a manos de cristianos. En la barrera, la hija de los Reyes, Elena de Borbón, que tanto lloró cuando vio a su hermano don Felipe pasear en Olimpia la bandera patria durante los Juegos, reía abiertamente de placer ante el espectáculo de la muerte en la tarde. El presidente de la asociación nacional de periodistas o escribas también aparecía satisfecho, así como la presidenta de la Centralidad, doña Esperanza Aguirre, que se hacía fotos con sus admiradores. Marichalar el Ex y Carmen M. Bordiu la Eterna respiraban el mismo aire, mientras las bestias mugían de dolor, empapadas de sangre. A un banquero se le dilataban de excitación las narices, como si se le hubieran pringado de tinta del Banco de España.

Ayer recibí una invitación repulsiva del embajador de Francia en Madrid. Para -lo pongo en francés porque su cursilería le hace justicia- hacerle el honor de “célébrer l’amitié taurine qui unit la France et l’Espagne”. Como no hay que dar puntada sin hilo, al pie del mensaje figuran palabras de agradecimiento dedicadas a los patrocinadores del evento, entre otros Alcampo, Caballero -¿Qué hay? ¡Toros muertos, eso es lo que hay!-, Mahou San Miguel, Pernod y un en fin, en fin.

¿Alguien sabe cómo se llamaban los toritos mártires, los toritos  por cuyo sacrificio cruento no lloró ni siquiera la más llorona de nuestras infantas?

Este post requiere un homenaje a Julián Rafalko, que ama a los animales y vive con Jamona, deliciosa cerda, entre otras inocentes criaturas. En el vídeo, con Jamona, cuando era un bebé.

En la foto, la niña cerca, ya crecidita, pero igual de preciosa.

los niños crecen