La nave de los locos

Éste es uno de los párrafos de mi artículo de hoy:

Si hace años escribí que, al entrar en la sede del PSOE -eran los tiempos de la segunda legislatura de González, cuando la capa empezaba a perder apresto-, sentía cómo la realidad quedaba a mis espaldas, al otro lado de la puerta, en la calle, hoy observo cómo la insoportable mayoría gobernante se comporta no ya como un boxeador sonado -un coloso con pies de barro que, porque da traspiés, fantasea con que avanza-, sino como ocupantes de una realidad paralela, que funciona y se autofagocita con la fe en su poder omnímodo como único combustible. Esta gente, a fuerza de condecorar vírgenes, han llegado a creerse milagrosos, y que no les vemos.

Podéis leerlo entero en eldiario.es

La conveniente tercera persona

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Lo de la tercera persona es algo que, como periodista y estudiosa de la naturaleza humana, siempre me ha parecido fascinante, pues supera incluso el plural mayestático que usan monarcas y pontífices. Recuerdo que la primera vez que escuché a la Cantudo diciéndome que «A La Cantudo» esto y lo otro, me quedé fascinada. Hoy tenemos el ejemplo matósico, que contiene, más que elementos soberanos, intentos de fuga. Conozco gente que, cuando le haces una pregunta directa: ¿Cómo estás?, por ejemplo, en su afán por no mostrar las cartas, replica: Se va tirando. O bien: ¿Has solucionado ya tu problema? Y responden: Se verá.

Hum, hoy me he levantado con la semántica levantisca.

Por |2012-01-11T17:47:23+01:0011/01/2012|Categorías: periodismo, política|Etiquetas: , , , |12 Comentarios