Y porque me apetece

21 07 2011

Este pedazo de homenaje de Fairuz, Jerusalem in my heart

Y éste es el link de la traducción al inglés.



Goliat (antes, David) tiene el gatillo fácil con los débiles

31 05 2010

Un mal despertar: las radios se hacían eco del ataque del ejército israelí a la flota solidaria que intentaba romper el bloqueo impuesto a Gaza. Antes de seguir, os recomiendo el blog de Mónica G. Prieto, que proporciona muy fuena información anterior. El caso es que de nuevo se repitieron en las diferentes emisoras (y también en los periódicos) los tópicos habituales. Entre los comentarios más ineptos, éste:  “Parece mentira que un ejército tan bien preparado como el de Israel haya cometido una acción tan estúpida” (el subrayado es mío).

Es cierto que el Ejército israelí tiene de todo, generosamente suministrado por sus valedores estadounidenses, y que se forjó venciendo a los diferentes, desunidos y peor pertrechados ejércitos árabes , de 1948 en adelante. Pero también lo es -cierto, ciertísimo- que el actual esfuerzo bélico sólo les funciona cuando el enemigo no se encuentra a su altura. Qué fácil, bombardear Gaza, o invadirla a sangre y fuego, y que delante no exista una armada regular dando la cara, sino un esfuerzo guerrillero de liberación más bien dividido, y miles de civiles indefensos a quienes masacrar. Qué simple, ser un soldado bien nutrido que todo lo que tiene que hacer es amenazar o apalear a niños, mujeres y viejos palestinos que pretenden cruzar el muro de la vergüenza en un sentido o en otro.

Los vi con estos ojos durante la primera Intifada, en la segunda mitad de los 80, soldados jóvenes que llevaban la bolsa de plástico del almuerzo y una botella de agua colgando del cinto, y que con la culata de sus fusiles de asalto rompían los brazos de los niños que tiraban piedras, golpeándolos contra los peldaños de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Siempre temerosos de sufrir un atentado, pero nunca aplastados por fuerza exterior alguna. Paranoicos y, por lo tanto, débiles. Y temibles.

La guerra del verano de 2006 entre Hizbulá e Israel dejó algo muy claro. Los invasores israelíes obtuvieron grandes victorias bombardeando desde el aire a familias que huían de sus pueblos después de que desde los propios bombarderos les hubieran avisado con octavillas para que se marcharan; triunfaron destruyendo locales de la Naciones Unidas con refugiados dentro, y bombardeando ambulancias de la Cruz Roja. Otra cosa fue en el cuerpo a cuerpo con los milicianos de Hizbolá, sobre el terreno. Mientras la comunidad internacional les dio manos libres, mataron a unos miles de civiles.  Pero al final tuvieron que marcharse, humillados.

Eso es lo que hace el “muy preparado Ejército de Israel” cuando ha de enfrentarse a gente bien armada y disciplinada como un ejército,  que lucha además por su tierra. La guerra de Israel es la de un país rico y mimado que intenta mantener y extender sus colonias. O es sucia, o no les funciona.

Por eso atacan barcos desarmados. Para seguir sintiéndose alguien. Exactamente como el matón del barrio, pero a lo bestia.