Las guerras nunca terminan

12 07 2010

Cuando yo era niña mi madre me llevaba a ver muchas películas bélicas. Me llevaba a ver todas las que podía, y supongo que se pasaban muchas de guerra. Uno de los personajes prototípicos, o al menos así lo recuerdo, de la iconografía de batallas, era la enfermera que invariablemente pronunciaba la frase: “Mi marido murió en El Alamein”. O la variante: “Perdí a mi novio en la batalla de El Alamein”. Esa ráfaga se quedó tan grabada en mi memoria que, ahora mismo, juraría que Juliette Binoche también la dice en El paciente inglés. Y posiblemente no sea cierto.

Por otra parte, nadie de mi infancia tenía idea de en dónde estaba El Alamein. Hartos de mis preguntas, me dijeron que en Alemania, supongo que por simpatías más que fonéticas. Mucho más tarde supe que fue en Egipto en donde se decidió el destino de la Segunda Guerra Mundial. De que esa guerra todavía mata me he enterado hoy, leyendo en El País de ayer un reportaje de Nuria Tesón (texto) y Miguel Ángel Sánchez (fotos). Para que digan que la memoria histórica no sirve de nada.

Hablando de memoria, hoy a algunos nos ha dado por recordar a Queen. Por muchísimas razones.