Otro aniversario funesto

15 09 2013

Así estamos:

Lehman Brothers ha quebrado. Esta noticia corrió como la pólvora en la noche entre el 14 y 15 de septiembre de 2008 por todo el planeta. Se trataba de uno de los bancos de inversión más importantes y, tal vez, el que mayores interconexiones con otras entidades tenía. La decisión del Gobierno de George Bush, en plena campaña electoral contra Barack Obama, de dejar caer la entidad tenía una intención ejemplarizante. “Aquí los contribuyentes no van a pagar más los excesos de la banca”. Un mensaje directo a Wall Street tras la mala prensa que había generado la concesión de ayudas a Bearns Stearns y Merrill Lynch, entre otros.

Apenas necesitaron unas horas para darse cuenta de la magnitud de su error. El tiempo que la onda expansiva financiera tardó en llevarse por delante a la mayor aseguradora del mundo, AIG y la principal caja de ahorros estadounidense Washington Mutual. El Estado salió a su rescate. Tras ellas, y como si fueran fichas de dominó, vendría la gran mayoría de los bancos estadounidenses y europeos. Una partida maldita que todavía se sigue jugando hoy, cinco años después, en lugares como España donde la reestructuración del sistema financiero y el rescate de bancos siguen sin terminarse.

Evitar que eso volviera a ocurrir fue el principal objetivo desde el crash de 2008. El que llevó a los principales gobernantes del planeta a reunirse en un G20 que se celebró en Washington apenas un mes después de la catástrofe y en la gran cumbre de abril en Londres que continúo luego en septiembre en Pittsburgh. Fue allí donde comenzaron las promesas. La primera, reformar los mercados. El resto llegaría en posteriores citas: no más bancos débiles. Se acotó la lista de bancos demasiado grandes para caer, que estarían bajo vigilancia extrema. Máximo control para el mercado de productos financieros derivados de alto riesgo. Lucha para erradicar los paraísos fiscales. Lección correctora para las ‘inconscientes’ agencias de rating.

Cinco años después, se ha comprobado que esos propósitos de enmienda están teniendo la misma consistencia que las promesas de los amores de verano al caer el mes de septiembre. Estas fueras las principales iniciativas y sus mediocres resultados.

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