De vuelta a casa

25 07 2010

En este relato que va fluyendo entre todos hay una mujer que entra por esa puerta, bastante hecha polvo y muy feliz. Como a mis 67 intento vivir como si tuviera 30 (hay que decir que la química legal ayuda bastante), los esfuerzos los pago en pequeños cansancios o lumbagos que me obligan a despatarrarme y alcachofarme cada vez que regreso. Todo esto para justificar que hasta ahora no me haya acercado aquí.

Pero he leído todas vuestras entradas, escuchado vuestras músicas, mirado vuestros vídeos y leído poemas y cuentos. Y hoy me apetece especialmente subir esta canción, en esta versión ya muy adulta, de su propio creador.

Quiero dar la bienvenida a este lugar a Dani, cuyo rostro recuerdo perfectamente, así como las tapitas que me traía con las cervezas, sin hacer ruido. Dani, en ese momento estaba intentando averiguar cómo se graba un video con mi nuevo Mac, lo hice y una amiga me lo editó, pero aquí el sistema me dice que tiene demasiados de eso que tienen los vídeos, o sea, duración o tamaño (y no estoy obsesionada con el sexo, no ya). Así que seguiré intentándolo. Y decir que me añado al estremecimiento placentero que me produce descubrir los diferentes registros de Genital.

He regresado también a la lectura de periódicos y al enterarme de noticias. Los muertos de Alemania, en un acontecimiento llamado de Amor que, al parecer, se convirtió en un buen Negocio para alguien. Acabó en matadero. Las fotografías son terribles. Ya habrá algún obispo (o de ahí pa arriba, incluso pa abajo) al se le ocurra abrir la boca para decir que es castigo de Dios por el desenfreno. O algún imán, o algún rabino. Simplemente, algún hipócrita.

En 1970 estuve en el festival de música de la isla de Wight. ¿Qué éramos, medio millón de jóvenes llegando sin parar desde todo el mundo a aquella explanada que, durante tres días de agosto, iba a ser nuestro paraíso? Los bobbies, que entonces no llevaban pistola, controlaban los autobuses repletos, y nos ayudaban a bajar. Sí. También nos ayudaron a subir. Hubo orden exterior y, dentro del recinto, mucha felicidad. Chicago, Santana, The Doors, Judy Collins, Leonard Cohen... ¿Jimmi Hendrix? ¿O a él le escuché en otra parte? En cualquier caso, cada tiempo tiene sus propias condenas. No pocos de los que estuvieron en Wight también están muertos, ilustres o anónimos. Estos chicos de Alemania nunca volverán a casa, y éste es un domingo negro para quienes les amaron.



Con G de gárgaras

27 06 2010

Siempre me han repateado las reuniones de líderes mundiales, no porque haya asistido a alguna de ellas como reportera, pero sí porque, como periodista, me las puedo imaginar. La seguridad, los coches oficiales, el tráfico cortado. El gasto. Para que, durante tres días, el G-8 y el G-20 (al menos, que hayan hecho coincidir ambas cumbres supone un ahorrillo, en pasta y paripés) hayan discutido sobre nuestras cosas sin llegar a prácticamente ningún lugar, el Gobierno canadiense ha desembolsado más de mil millones de euros, de los cuales más del 80 por ciento ha servido para que no se produjeran más sobresaltos que los habituales (con las protestas antisistema de la calle, los chicos G cuentan de antemano: puede que incluso se sintieran decepcionados si faltaran).

Esta vez el tema que sirve siempre de excusa para las citas cósmicas (cómo anunciar que va a aliviarse el hambre en el mundo y dormir con la conciencia tranquila aunque nadie lo cumpla luego) se ha visto superado por un nuevo leiv motiv: qué hacer para que no desfallezcan los beneficios de banqueros, mercados y otros entes insaciables.

Como sabéis, ni los G-8 ni los G-20 andan demasiado de acuerdo entre ellos. Eso sí, Toronto estaba muy bonito y ha salido mucho en los medios, gracias a lo cual se prevé un incremento del turismo. Y las primeras damas (señoras de) que hayan asistido habrán visitado un museo o dos y quizá regresen a casa con un abrigo de pieles.

Si sobreimpriéramos las imágenes de esos personajes sentados en torno a sus grandes mesas, sonrientes, grandielocuentes, mareando papeles y propinándose campechanos golpecitos en las espaldas; si las proyectáramos, decía, sobre otras filmadas o grabadas en cualquier aglomeración de la miseria humana, en el Tercer Mundo o en nuestras márgenes… Eso, más una tercera sobreimpresión, chinos y chinas trabajando como autómatas en, por ejemplo, una fábrica de juguetes… Bueno, pues sacudiendo todo eso nos iba a salir más bien Blade Runner”. La Corporación era el único poder en esa historia, ¿lo recuerdan?

Sin embargo, es domingo y no quiero que nos quedemos con este mal sabor. Ahí va un clip que muestra un Canadá más salvaje e inocente, la Columbia Británica en donde Robert Altman rodó, en 1971, McCabe & Mrs. Miller. De fondo, Leonard Cohen y su Sisters of Mercy, cosa que de ninguna manera son los G.