Con G de gárgaras

27 06 2010

Siempre me han repateado las reuniones de líderes mundiales, no porque haya asistido a alguna de ellas como reportera, pero sí porque, como periodista, me las puedo imaginar. La seguridad, los coches oficiales, el tráfico cortado. El gasto. Para que, durante tres días, el G-8 y el G-20 (al menos, que hayan hecho coincidir ambas cumbres supone un ahorrillo, en pasta y paripés) hayan discutido sobre nuestras cosas sin llegar a prácticamente ningún lugar, el Gobierno canadiense ha desembolsado más de mil millones de euros, de los cuales más del 80 por ciento ha servido para que no se produjeran más sobresaltos que los habituales (con las protestas antisistema de la calle, los chicos G cuentan de antemano: puede que incluso se sintieran decepcionados si faltaran).

Esta vez el tema que sirve siempre de excusa para las citas cósmicas (cómo anunciar que va a aliviarse el hambre en el mundo y dormir con la conciencia tranquila aunque nadie lo cumpla luego) se ha visto superado por un nuevo leiv motiv: qué hacer para que no desfallezcan los beneficios de banqueros, mercados y otros entes insaciables.

Como sabéis, ni los G-8 ni los G-20 andan demasiado de acuerdo entre ellos. Eso sí, Toronto estaba muy bonito y ha salido mucho en los medios, gracias a lo cual se prevé un incremento del turismo. Y las primeras damas (señoras de) que hayan asistido habrán visitado un museo o dos y quizá regresen a casa con un abrigo de pieles.

Si sobreimpriéramos las imágenes de esos personajes sentados en torno a sus grandes mesas, sonrientes, grandielocuentes, mareando papeles y propinándose campechanos golpecitos en las espaldas; si las proyectáramos, decía, sobre otras filmadas o grabadas en cualquier aglomeración de la miseria humana, en el Tercer Mundo o en nuestras márgenes… Eso, más una tercera sobreimpresión, chinos y chinas trabajando como autómatas en, por ejemplo, una fábrica de juguetes… Bueno, pues sacudiendo todo eso nos iba a salir más bien Blade Runner”. La Corporación era el único poder en esa historia, ¿lo recuerdan?

Sin embargo, es domingo y no quiero que nos quedemos con este mal sabor. Ahí va un clip que muestra un Canadá más salvaje e inocente, la Columbia Británica en donde Robert Altman rodó, en 1971, McCabe & Mrs. Miller. De fondo, Leonard Cohen y su Sisters of Mercy, cosa que de ninguna manera son los G.