Dennis Hopper ya está con James Dean

30 05 2010

Tuve un encuentro cinematográfico con Dennis Hopper en 1980. Él vino a Barcelona para el estreno de su película “Caído del cielo” y aprovechando su amistad con Bigas Luna, que le había contratado para protagonizar “Reborn”. Yo formaba parte del grupito de mitómanos que le seguíamos, a Hopper, personalmente, por haber dirigido “Easy rider”, un manifiesto generacional que visto hoy queda bastante trasnochado, sobre todo en las escenas oníricas, LSD mediante, que estaba escrito que no le salieran bien ni al José Antonio de la Loma moralizante del tardofranquismo ni a un tipo como Hopper, que de cine sabía casi tanto como de drogas.

Era, entonces, un hombre que pedía cocaína sin parar, bebía sin parar y que, drogado,  se ponía violento. De mi breve encuentro con él recuerdo, sobre todo, lo mucho que le hería que le habláramos de James Dean, cosa que todos hacíamos, desde luego. Me causó la impresión de que guardaba, respecto al megadifunto con quien había compartido dos películasDennis Hopper y James Dean, con Natalie Wood, en "Rebelde sin causa" (“Rebelde sin causa” y “Gigante”), sentimientos confusos.

Pienso que como Dean fue un seductor de hombres, mujeres, animales, vegetales y minerales, posiblemente se enamoró de él a la manera del personaje de Sal Mineo en “Rebelde…”, y que sus deseos de emulación se vieron decapitados de cuajo por la repentina muerte del ídolo. Pienso que, con el tiempo, quiso construirse el tipo de carrera -y de vida- que creyó que James Dean habría tenido si hubiera disfrutado de la oportunidad de envejecer. Pienso que se fue convirtiendo en un gran actor, un complejo cineasta y una persona controvertida porque siguió idealmente a su modelo. También pienso que podía ser un individuo muy querible incluso en sus peores momentos, si uno conseguía que dejara en paz el revólver que siempre llevaba a los rodajes, o que no le rompiera la cara a puñetazos.

Descanse en paz, por fin junto a James Dean, el colega a quien nunca olvidó.