Por fin, El Cairo

19 11 2011

En exclusiva, foto robada en el interior del Museo Textil de El Cairo: los gallumbos de Tutankamon



El dia de ayer

28 10 2011

Buenos dias. Os escribo desde el unico ordenador que funciona en estos momentos en el bisiness center -del Marriott!!!!- pero es que es viernes y el tecnico esta santificando. Como tiene el teclado cojo le he puesto mi movil cairota en el lado corto. Tiene su encanto.

Ayer pase uno de esos dias estupendos que solemos regalarnos Adrian y yo en el Cairo. Siempre empieza igual. El me llama: “Salgo de casa”. Vive en Giza, de modo que tardara un rato. A punto de llegar al hotel vuelve a llamarme, salgo y le espero. Ayer, mientras le aguardaba, fotografie la placa que pusieron en la fachada principal cuando hicieron reformas: algo asi como “el honorable presidente Mohamed Hosni Mubarak inauguro…”. No somos nadie.

Nos fuimos a Jan el-Jalili, eligiendo una de las dos entradas que mas nos gustan, y ya nada mas entrar Adrian hizo que me fijara en unos chales muy bonitos. Compre uno para mi y otro para Violeta. Adrian no solo habla arabe feten -el clasico y el de la calle- sino que les conoce, y  regatea muy bien. Luego, del bracete, el con su elegante baston y yo con la rodillera oculta pusta, descendimos hacia el barrio islamico, metiendonos por Siga, o Shiga, por la calle de las joyerias. Oro para las dotes de novias y para las ninyas, plata por un tubo. Mas adelante nos metimos en el Museo de Tejidos, donde se conservan  fragmentos de telas faraonicas, unos pies de momia, y muchos tapices y telas coptos e islamicos… Os hice una foto (esta prohibido) del calzoncillo de Tutankamon, una especie de tanga muy apanyado.

Seguimos y seguimos, y cuando ya no pudimos mas nos sentamos en el pintoresco cafe de Om Khulzum, y nos hicimos un te y un descansito. Luego dimos la media vuelta, y otra vez hasta Jan el-Jalili. Teniamos el plan de ir a cenar al FishMarket, uno de esos restaurantes-barco amarrados en el Nilo, pero primero, estabamos muy cansados y, segundo, el follon del trafico era demasiado, tipico de vigilia de fiesta. Elegimos el jardin del Marriott: cervecita, shisha para mi y, cuando cambiaron el turno -y con el, la carta-, pedimos algo sencillo, pollito muy asado al carbon para mi y kofta para el. Pero lo principal fue la charla. Hable mucho con el de la novela -y el se ponia muy Fattush para asesorarme-, y de todo lo habido y por haber.

Y hoy he de escribir una cosa que me han encargado para El Pais Semanal. Hasta pronto.